La bailarina

Erase una vez una chica que se ganaba la vida bailando. Al verla bailar se veía que sentía la música dentro de ella, cada movimiento que daba hacía temblar al público, se notaba como ella vibraba con todas esas notas. Bailando no se encontraba sola, olvidaba todo aquello por lo que estaba triste, se sentía fuerte y capad de hacer cualquier cosa.

Al acabar la canción su mundo se detenía, dejaba de sentir la fuerza de la vida y la pasión. Cuando no bailaba se escondía, vivía con miedo. No solía salir de casa, de vez en cuando quedaba con unas amigas, pero no le llenaba el vacío como lo hacía la música.

No encajaba en el mundo real, no sabía transmitir sus emociones o hablar con la gente, sentía que cada vez que hablaba no decía nada interesante, solo soltaba palabras huecas. Sin embargo, cuando bailaba decía todo lo que con sus palabras no podía.

Pero un día, encendió la radio y la música no sonó. Sin poder creérselo empezó a buscar la música por todos lados, pero esa búsqueda fue en vano. Todo lo que le hacía vivir se había marchado.

Le pareció extraño bailar sin la música, aunque sé conocía de memoria todos los pasos y el tiempo que requería cada uno de ellos, pero sus movimientos se volvieron huecos como sus palabras.

Mientras que todo el mundo disfrutaba del sonido, ella no podía. Se sentía engañada y celosa de todas las personas que estaban bailando. Oyendo la música sin apreciarla, como ella sabía hacerlo y sin embargo la música prefería estar con ellos.

La había abandonado, se preguntaba constantemente porque, que había hecho ella para merecer este castigo. Intentaba recordar si alguna vez la hubiera traicionado. Pero se le ocurría casos aislados, donde tuvo que bajarla o apagarla para no molestar a la gente, pero en el fondo sabía que por esas cosas su música no podía enfadarse.

Su música era fluida y amable, cómo se podría haber vuelto tan hermética y dura. Acaso su música no disfrutaba con ella. Eso no quería creérselo, no podía ser, ella sentía su placer o todo lo que percibía era irreal.

Ahora recuerda aquellos momentos con más nitidez que cuando los vivía, los recuerda con mucha más pasión que lo que sintió en su momento.

No podía recriminarle nada, sabe que no la va a responder, no quiere hablarla. Esta claro que no la quiere y sin embargo esa idea le cuesta mucho asimilara, cómo no podía quererla, que era real y qué no, cómo podía vivir tan engañada durante tanto tiempo. Todo ese tiempo estaba viviendo una dulce y cruel mentira. Y ahora que tenía ella. Cómo llenar ese vacío que de antemano le había creado la música. Intentaba recordar aquellos momentos de su vida en la que no conocía la música y no se sentía vacía. Recordaba esa vida feliz.

Sin embargo, ahora, se veía incapaz de olvidarlo todo. Le costaba salir de la cama, todo lo que hacía, lo hacía sin pasión, es como si se hubiera llevado su alma, sus ganas de vivir, la gente a su alrededor no sabía el dolor por el que estaba pasando y aunque lo supiera nadie podía ayudarla, puesto que nadie sería capad de llenar el vacío.

Vivir sin motivo, haciendo las cosas por hacer, eso podía llevarlo bien. Pero lo más doloroso era recordar aquellos tiempos donde estaba tan bien y esa incógnita que tanto le atormentaba. Esa duda, que en el fondo no era ningún misterio, pero ¿porqué la había dejado? Le dolía menos pensar que fuera por que; necesitaba expandirse por otras personas más necesitadas, que ella le estaba rallando de tanto repetirse y había días que se ponía siempre la misma música y no paraba, cualquiera se cansaría de oírlo, pero ella no.

Perdió su trabajo y al final se quedo completamente sola, pasaron los días muy lentamente y muy poco a poco, después de los días las semanas, hasta que el tiempo cada poco empezaba a transcurrir más rápido. Un día de esos se fue a ver a su médico y este se dio cuenta de que lo que realmente le pasaba era que tenía un tapón de cera en el oído, debido a ello, su música no se oía. Avergonzada de pensar que su música la había traicionado, se agarro a ella y empezó a escuchar una canción tras otra, sin parar de bailar, esa noche no podía dormir, era tal la emoción que lloraba mientras bailaba, todo su cuerpo vibraba, se sentía aliviada porque su música la había perdonado. Ya no se sentía tan mal, se volvía a sentir llena de nuevo.

Érase una vez una chica que se ganaba la vida bailando. Al verla bailar se veía que sentía la música dentro de ella, cada movimiento que daba hacía temblar al público, se notaba como ella vibraba con todas esas notas. Bailando no se encontraba sola, olvidaba todo aquello por lo que estaba triste, se sentía fuerte y capad de hacer cualquier cosa.

Al acabar la canción su mundo se detenía, dejaba de sentir la fuerza de la vida y la pasión. Cuando no bailaba se escondía, vivía con miedo. No solía salir de casa, de vez en cuando quedaba con unas amigas, pero no le llenaba el vacío como lo hacía la música.

No encajaba en el mundo real, no sabía transmitir sus emociones o hablar con la gente, sentía que cada vez que hablaba no decía nada interesante, solo soltaba palabras huecas. Sin embargo, cuando bailaba decía todo lo que con sus palabras no podía.

Pero un día, encendió la radio y la música no sonó. Sin poder creérselo empezó a buscar la música por todos lados, pero esa búsqueda fue en vano. Todo lo que le hacía vivir se había marchado.

Pareció extraño bailar sin la música, aunque sé conocía de memoria todos los pasos y el tiempo que requería cada uno de ellos, pero sus movimientos se volvieron huecos como sus palabras.

Mientras que todo el mundo disfrutaba del sonido, ella no podía. Se sentía engañada y celosa de todas las personas que estaban bailando. Oyendo la música sin apreciarla, como ella sabía hacerlo y sin embargo la música prefería estar con ellos.

La había abandonado, se preguntaba constantemente porque, que había hecho ella para merecer este castigo. Intentaba recordar si alguna vez la hubiera traicionado. Pero se le ocurría casos aislados, donde tuvo que bajarla o apagarla para no molestar a la gente, pero en el fondo sabía que por esas cosas su música no podía enfadarse.

Su música era fluida y amable, cómo se podría haber vuelto tan hermética y dura. Acaso su música no disfrutaba con ella. Eso no quería creérselo, no podía ser, ella sentía su placer o todo lo que percibía era irreal.

Ahora recuerda aquellos momentos con más nitidez que cuando los vivía, los recuerda con mucha más pasión que lo que sintió en su momento.

No podía recriminarle nada, sabe que no la va a responder, no quiere hablarla. Esta claro que no la quiere y sin embargo esa idea le cuesta mucho asimilara, cómo no podía quererla, que era real y qué no, cómo podía vivir tan engañada durante tanto tiempo. Todo ese tiempo estaba viviendo una dulce y cruel mentira. Y ahora que tenía ella. Cómo llenar ese vacío que de antemano le había creado la música. Intentaba recordar aquellos momentos de su vida en la que no conocía la música y no se sentía vacía. Recordaba esa vida feliz.

Sin embargo, ahora, se veía incapaz de olvidarlo todo. Le costaba salir de la cama, todo lo que hacía, lo hacía sin pasión, es como si se hubiera llevado su alma, sus ganas de vivir, la gente a su alrededor no sabía el dolor por el que estaba pasando y aunque lo supiera nadie podía ayudarla, puesto que nadie sería capad de llenar el vacío.

Vivir sin motivo, haciendo las cosas por hacer, eso podía llevarlo bien. Pero lo más doloroso era recordar aquellos tiempos donde estaba tan bien y esa incógnita que tanto le atormentaba. Esa duda, que en el fondo no era ningún misterio, pero ¿porqué la había dejado? Le dolía menos pensar que fuera por que; necesitaba expandirse por otras personas más necesitadas, que ella le estaba rallando de tanto repetirse y había días que se ponía siempre la misma música y no paraba, cualquiera se cansaría de oírlo, pero ella no.

Perdió su trabajo y al final se quedo completamente sola, pasaron los días muy lentamente y muy poco a poco, después de los días las semanas, hasta que el tiempo cada poco empezaba a transcurrir más rápido. Un día de esos se fue a ver a su médico y este se dio cuenta de que lo que realmente le pasaba era que tenía un tapón de cera en el oído, debido a ello, su música no se oía. Avergonzada de pensar que su música la había traicionado, se agarro a ella y empezó a escuchar una canción tras otra, sin parar de bailar, esa noche no podía dormir, era tal la emoción que lloraba mientras bailaba, todo su cuerpo vibraba, se sentía aliviada porque su música la había perdonado. Ya no se sentía tan mal, se volvía a sentir llena de nuevo.

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